Thursday, November 18, 2010

¡Arriba los encendedores, abajo los celulares!


Era el año 2003. Por primera vez desde que la banda se creó, Pearl Jam decidió olvidar sus conflictos con ticketmaster para complacer a sus seguidores mexicanos. Tres noches seguidas el Palacio de los Deportes estuvo abarrotado por personas que deseaban escuchar a una de las grandes bandas del grunge. Aún recuerdo como si hubiera sido ayer el momento en que todas esas luces anaranjadas y cálidas inundaron el estadio cuando comenzaron a sonar las notas de "Better Man", permaneciendo ahí hasta el final de la canción. También recuerdo bien el espectáculo que se creó cuando la banda pedía aplausos al ritmo de una canción y el público respondía prendiendo sus encendedores momentáneamente con cada aplauso. Nunca había visto nada igual, y tristemente, nunca lo volveré a ver.

Desde el año 2003 a la fecha la tecnología ha avanzado, permitiendo juntar en un pequeño dispositivo las funciones de teléfono celular, cámara de fotos y video, GPS y muchas otras cosas más. Y toda esa tecnología es maravillosa, pero no cuando de conciertos se trata, en ese caso es todo lo contrario.

Ahora con esa tecnología, en cada concierto, ese momento tan especial en que se apagan las luces del recinto e indican que la banda está a punto de comenzar su espectáculo, despertando la euforia en los asistentes, ha sido notablemente disminuido. Parte de esa energía que todos los asistentes debieran estar dando para recibir a su banda favorita se gasta en su lugar en sostener ese pequeño dispositivo y la concentración demandada por asegurarse que esa pequeña pantalla esté captando la imagen correcta y bien centrada. Todas esas luces blancas que inundan el lugar, a diferencia de las luces anaranjadas de los encendedores, son sumamente frías, y la verdad, hasta cierto punto son patéticas, dado que el espectáculo que ofrecen no se compara ni de lejos con el que daban todas esas pequeñas flamas. Además, dado que tener un encendedor prendido no requiere de mucha concentración y además emite calor, los encendedores no le restaban energía al concierto, sino al contrario, daban al lugar un efecto casi mágico.

Además de esto, hay otro gran problema con los celulares en los conciertos, y eso se debe a las cámaras. Como ya dije antes, tomar fotos y filmar a una banda en un concierto es algo que requiere concentración. Por lo tanto, todas esas personas que lo hacen dejan de bailar, cabecear, cantar (o lo hacen con mucha menos intensidad) y de darle todo de sí a un grupo por la muy egoísta idea de llevarse un recuerdo gratuito que al final será de pésima calidad. Por supuesto, el costo que uno paga por los boletos justifica este egoísmo totalmente. Sin embargo, no deja de ser un hecho que cuando son miles de personas las que filman y toman fotos en lugar de bailar, cantar, gritar, echar slam, etc., se puede percibir toda esa energía perdida. No es nada agradable estar cabeceando al ritmo de una canción y que la persona que está junto a uno permanezca inmóvil, con un rostro sereno y sin emoción. Emoción que desaparece en el momento en que comienzan a mirar en una pequeña pantalla digital aquello que podrían estar viendo directamente con tan solo dirigir la mirada hacia el escenario y guardar ese dispositivo que los obliga a utilizar en él su energía. Lo que hace especiales a los conciertos, es el compartir con miles de desconocidos toda la euforia que produce escuchar a un grupo o cantante que uno admira, y cuando esa euforia se pierde en esas ridículas filmaciones, la calidad del concierto, sin ser culpa de la banda, baja notablemente. No por nada es que quienes filman esos conciertos profesionalmente cobran, es un trabajo muy demandante. ¿Por qué entonces habría alguien de hacerlo sin recibir un centavo y además sabiendo que el resultado será de bajísima calidad?

Un aspecto que quizá sea positivo de este asunto es que la presencia cada vez menor de los encendedores en los conciertos es quizá un indicador de que cada vez es menos gente la que fuma, pero sin ser un experto en la materia, yo no tendría mucha confianza en eso. Aún con ese probable aspecto positivo para la salud, el aspecto negativo de tener que lidiar con esas luces frías y con la pérdida de la energía provocada por las filmaciones y las fotos sigue ahí. Es por eso que reitero lo que indicaba en el título: ¡Arriba los encendedores, abajo los celulares!

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