Friday, April 15, 2011

Caridad a nombre de alguien, ¿es a caso un buen regalo?

Muchas personas en alguna ocasión hemos recibido de regalo caridad otorgada a alguna institución a nuestro nombre. Se sabe que las personas que hacen esto lo hacen con buenas intenciones, además de que todos sabemos que la caridad es algo bueno. Esto, sumado al hecho de que sea un regalo, es decir, que se está dando sin que eso implique la obligación (legal, al menos) de dar algo a cambio, hace que la caridad otorgada a nombre de uno siempre sea agradecida como regalo, aunque, en ocasiones, sea de forma hipócrita. En el análisis que hacemos aquí determinaremos qué tan bueno es regalar caridad, tanto para la persona que recibe como para quien da, viéndolo desde distintos ángulos.

Primero, el objetivo de dar un regalo es, principalmente, buscar que la persona a quien se le entrega el regalo se ponga contenta por haberlo recibido. Sin embargo, en ocasiones nos desviamos de ese objetivo por muchas razones: una puede ser por tener el compromiso moral de dar al haber recibido (como en el caso de los cumpleaños) sin realmente querer dar, otro puede ser porque el regalo se da por conveniencia (como un empleado que le da un regalo a su jefe para aumentar las posibilidades de recibir un aumento), entre muchos otros posibles motivos. En este tipo de situaciones la persona no pensará muy a fondo en qué es lo que le gustaría recibir a la otra persona, sino que buscará dar algo para "salir del aprieto", es decir: en vez de esforzarse en dar un buen regalo, dará lo que él vea como lo mínimo necesario para cumplir. Entonces podemos decir que un buen regalo debe ser sincero, ya que así será más fácil llegar a cumplir con el objetivo de que la persona esté contenta de recibirlo.

El primer aspecto que debe considerarse es que la donación hecha a nombre de otra persona es una gran mentira. Es decir, Juan dona el dinero en nombre de Pedro, pero Pedro en realidad no dio nada de su dinero, no hizo ningún esfuerzo, no ayudó a nadie. El verdadero filántropo es Juan, y lo que le está dando a Pedro no es más que la mera ilusión de serlo, pero en el fondo, Pedro, a menos que hiciera una donación por su cuenta, no es ningún filántropo, y de ahí que este tipo de donaciones sean mentirosas. En consecuencia, no es un regalo sincero. Por supuesto, se puede argumentar que si, por ejemplo, se dona a una escuela la construcción de un salón, y en este se pone una placa que dice: "Salón Ignacio Pérez, donado por sus hijos Alfonso y Rosaura", entonces no se estará cayendo en una mentira. Sin embargo, este tipo de donaciones no son del todo caritativas, ya que la presencia de esa placa ya implica que se recibió algo a cambio de la donación, y por lo tanto, no es totalmente filantrópica.

El segundo aspecto es que estas donaciones podrían no coincidir con las prioridades de la persona a quien se da el "regalo". Por ejemplo, digamos que la persona está muy endeudada, al grado que el valor neto de todos sus bienes es negativo, y recibe un regalo que dice: "se han donado en su nombre diez mil pesos a la fundación...". ¿A caso no le daría esto coraje a quién lo recibió? Una persona en esta situación, por supuesto, no puede dar caridad por su cuenta, dado que no tiene con qué. Una persona en una condición así necesita ayuda financiera, y sin embargo, le están "regalando" ayuda financiera para otros. ¿No es esto ridículo? En este aspecto también podemos considerar el riesgo de que la causa a la que va dirigida la donación no sea una afin a la persona que recibe el regalo. Digamos, por ejemplo, que se da una donación para refugios caninos en nombre de alguien que no tiene interés por los perros y que le interesa más el problema del cáncer de mama. El resultado sería, por supuesto, que la persona en cuestión no estaría nada contenta con su regalo.

El tercer aspecto es la expectativa que se tiene al recibir el regalo. Cuando uno va a recibir un regalo, uno espera que sea algo para él/ella, algo que le sirva, que pueda utilizar o consumir, algo que haya sido comprado pensando en él/ella. En la mayoría de los casos, la caridad en su nombre, en consecuencia, generará una gran desilusión, ya que ésta no tendrá ninguna utilidad directa para quien recibe el regalo. Ciertamente este tipo de desilusiones es algo que no se quiere provocar cuando se da un regalo.

Otro aspecto adicional a considerar es el mensaje oculto que puede significar el dar caridad a nombre de otra persona. Este mensaje va más o menos así: "como tú no eres suficientemente caritativo, entonces yo lo estoy haciendo por tí". Y los mensajes ocultos en los regalos son muy importantes. Por ejemplo: si a una mujer se le regalan productos para adelgazar, pensará "me están diciendo gorda", y podría molestarse bastante. La consecuencia del mensaje oculto en la caridad dada en nombre de otro puede ser la misma.

Por lo tanto, vemos que la persona que da puede estar dando un mensaje incorrecto, no estar cumpliendo con las expectativas de quien recibe, está mintiendo y tal vez ni si quiera le atine a las causas que la persona a quien está dando el regalo apoya, todo lo cual va en detrimento de las posibilidades de que la persona que recibe esté contenta con el regalo. Incluso es posible que la persona que recibe sufra desilusión, enojo y decepción. Así podemos concluir que dar caridad en nombre de una persona no es, de hecho, un buen regalo, sino todo lo contrario.

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