Monday, December 17, 2007

La isla

Aquél hombre se encontraba en una playa totalmente virgen de una pequeña isla. Tenía un microscopio y unas pinzas, con las cuales iba tomando granos de arena y las colocaba en su instrumento óptico. El joven miraba de forma apasionada cada uno de esos granos de arena, sus distintas formas y colores, y los misterios que cada uno envolvía. ¿Habrá pertenecido a alguna concha de algún cangrejo ermitaño? ¿O quizá a la de un caracol? Cada granito era algo único y diferente, y cada uno contaba una historia especial.

De pronto pasó cerca de él una mujer hermosa. La dama, totalmente distraída, ni notó que ahí estaba el joven, y se siguió derecho. El hombre la miró fijamente hasta que su vista ya no fue capaz de distinguirla.

Al día siguiente, volvió a pasar lo mismo. En esta ocasión el hombre trató de llamarla, pero ella no le escuchó.

Así continuaron los días, hasta que después de un tiempo, el hombre decidió finalmente levantarse y estorbarle en su camino, para que ella le notara.

Él le pidió a ella que le permitiera caminar a su lado, ante lo cual ella titubeó, ya que siempre había caminado sola, pero finalmente accedió.

Caminaron juntos un largo rato, y el hombre le contó del estilo de vida que llevaba. Quería estar seguro de que todo estuviera bien con esa mujer, y ser siempre honesto con ella. Aún si algunos podían considerarlo antisocial porque viviera la vida mirando diminutos fragmentos de piedra y sal, decidió contarle.

La mujer decidió ser abierta y tolerante, y le dijo que no se preocupara, que cada quien tiene sus razones para hacer las cosas y que no le juzgaría por ningún motivo.

Entonces a partir de ese día comenzaron a caminar juntos, y poco a poco comenzaron a encariñarse el uno con el otro.

El hombre en una ocasión le dijo que bien sabía que no podía quedarse en esa isla para siempre y que tarde o temprano tendría que construir una balsa y huir de ahí, pero para ello no podía hacerlo solo. Necesitaba que ella ayudara a construir esa balsa, ya que dos brazos no son suficientes para mantenerla unida.

Entonces comenzaron la labor, mientras el hombre hacía los mayores esfuerzos físicos, como cortar la leña y colocarla en los lugares adecuados, la mujer contribuía con los esfuerzos de precisión, como alisar los troncos, afilar algunas herramientas que habían construido, y amarrar los nudos.

Un buen día el hombre, mientras la balsa aún estaba incompleta, y se requería de su fuerza para sujetarla mientras la mujer terminaba con un nudo, vio tirado en la playa, cerca de su sitio de construcción, un pequeño trozo de ópalo aún en bruto, pero lo suficientemente bello como para captar su atención. Impulsivamente soltó la balsa y tomó su viejo microscopio para admirarlo.

La balsa se deshizo totalmente, y quedaron los troncos regados por todo el lugar. Algunos de ellos se fueron rodando hacia el mar y fueron llevados por la corriente.

La mujer lloró intensamente. No podía creer que por una simple piedra haya echado a perder todo el trabajo que habían hecho. Decidió regañar al hombre. El hombre con sus argumentos logró manipular la situación para ponerse a sí mismo como la víctima, además de todo él estaba convencido de que lo era.

“¿Pero es que no me entiendes? Yo así soy, me gusta mirar las piedras. Y cada piedra, así como cada grano de arena, es única e irrepetible, y no pienso desperdiciar la oportunidad de admirarlas. Cuando decidiste estar conmigo, aceptaste estar conmigo como yo soy, así que deja de juzgarme, y déjame mirar las piedras. Deberías aprender a observar los detalles de las piedras, no sabes lo maravillosa que puede ser la vida aprendiendo de los misterios que ellas esconden”, le dijo el hombre a la mujer.

La mujer se sintió avergonzada, y por el enorme cariño que sentía por él, y con la esperanza de que finalmente, cuando esté la balsa, podrían irse juntos, decidió continuar con la construcción de la balsa ella sola, a pesar de sus limitaciones físicas, y dejarlo mirar los granos de arena y las piedras.

Un día el hombre le dijo a la mujer que ya no quería seguir con eso. Que la idea de la balsa ya no le gustaba y que por el momento prefería quedarse mirando las piedras. Que si quería ella irse, que se fuera, que no quería decepcionarla otra vez.

La mujer se sintió decepcionada, triste, enojada. Decidió no seguir con la balsa y esperar a que el hombre cambiara de opinión.

Al poco tiempo, el hombre regresó, y muy animado comenzó a ayudarle con la balsa. La mujer le creyó y de nuevo se sintió esperanzada. Pronto la terminaron y ya estaban a punto de partir.

Pero al empujar la balsa, vieron que antes de que el mar fuera lo suficientemente profundo como para que pudieran remar, tenían que pasar por una parte llena de piedras que lastimaban los pies.

En un principio ambos soportaron el dolor con la esperanza de que finalmente partirían en la balsa.

De pronto, ya estando muy cerca de poder abordar, el hombre le dijo: “Yo ya no puedo seguir con esto. Parte tu sola, a mi me duelen demasiado los pies. Además yo sólo te voy a estorbar en tu recorrido, para como soy, probablemente terminaré por hacer que los dos nos hundamos, prefiero quedarme aquí. Tampoco quiero perderme la oportunidad de observar alguna otra piedra preciosa que haya por aquí”. Y entonces el hombre comenzó a regresarse a la orilla.

La mujer corrió hacia él y le dijo: “Pero la vida está llena de cosas únicas e irrepetibles. Si quieres sentarte a observar todas, nunca vas a terminar, y te vas a quedar solo. ¿Por qué no vienes conmigo? Ahí podrás observar el agua del mar, los peces, el cielo, y cuando lleguemos a nuestro destino, podremos ver todo tipo de cosas hermosas y maravillosas, tanto naturales como hechas por el hombre”.

“Pero si me voy contigo, no podré observar todos esos granitos de arena que hay aquí. Ni tampoco las piedras, ni las palmeras”.

“Pero ¿No quieres irte de aquí? ¿No quieres regresar a la civilización, vivir una vida normal?, ¿estar conmigo?”

“Pues sí, pero no ahora”.

“Pero si no es ahora, no será nunca. Yo ya me voy de aquí, la balsa está lista, y no te voy a esperar para siempre”.

“Entonces no me esperes, ya te dije que yo sólo te voy a estorbar en tu viaje”.

“¿Por qué lo dices?”.

“Seguro me pondré a observar algo y me olvidaré de remar, y nada más seré un peso extra en tu balsa, y seguro llegará una tormenta y nos hundirá”.

“Pero no tiene por qué ser así, si tú no quieres no tienes por qué dejarme remando sola. Y si nos hundimos, pues al menos lo habremos intentado”.

“Pero además no estoy contento, no me gusta estar pisando estas piedras y menos voy a querer estar remando en esa balsa, va a ser algo muy duro”.

“Pero ¿no crees que vale la pena si vamos a llegar a una tierra firme, donde haya más personas y podamos formar una familia y llevar a nuestros hijos a la escuela?”

“Pues sí, pero no se, no quiero irme ahora”.

La mujer entonces se resignó. Ya no pudo más. Pero antes de partir le dijo, muy llena de dolor: “Yo se que la vida está llena de cosas únicas e irrepetibles, de oportunidades que no se van a volver a dar nunca. Siempre habrá algunas que deberán desaprovecharse cuando éstas te alejan del camino que tú quieres tomar, del destino al que quieres llegar. Si sigues observando tus piedras y tus granitos de arena, no podrás avanzar, no podrás ver las otras cosas maravillosas que tiene el mundo, y te quedarás solo en esta isla, no llegarás a ningún lado y si sigues algún camino, no será más que en círculos en tu pequeña playa. Y sí, para llegar a donde quieres llegar hay que sufrir, pisando piedras que te lastiman o pasando largos días en una balsa, bajo tormentas y con la probabilidad constante del naufragio. Hay que soportar esas cosas para poder vivir la vida al máximo. Realmente me entristece ver que no te des cuenta y que prefieras abandonarme y quedarte aquí que venir conmigo. Pero yo no pienso quedarme aquí, no puedo esperarte a que te hartes de tus piedras y te des cuenta de tu error. Lo siento mucho, pero ya me voy. Y jamás volveré”.

La mujer entonces corrió hacia su balsa en un terrible llanto, y el hombre al verla partir no pudo evitar derramar algunas lágrimas también.

Entonces el hombre miró el atardecer sobre el cual veía la silueta de su amada, cada vez más pequeña, pensando que probablemente había cometido el error más grande de su vida, y triste de pensar que tal vez, sin unas manos precisas que le ayuden a hacer los nudos, ya no podría nunca dejar esa isla.

Monday, December 03, 2007

¡Felicidades, Venezuela!

El día de ayer se votó una serie de reformas constitucionales con las que Hugo Chávez planeaba perpetuar su estadía en el poder de forma indefinida, entre muchas otras cosas. Aunque el conjunto de reformas incluía 69 modificaciones a la constitución, de las cuales algunas sí parecían ser decentes, aceptar que un presidente pueda reelegirse indefinidamente cuando tiene a todo el gobierno de su lado es simplemente ridículo.

Yo me considero personalmente un social-demócrata, y les puedo decir que ningún gobierno que sea socialista de verdad buscará concentrar el poder en las manos de un hombre y mucho menos perpetuar su estadía en él. Ejemplos de verdaderos estados socialistas sobran, tenemos a los países nórdicos (Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca), entre otros. Pero Venezuela no lo es y menos lo hubiera sido con su cambio en la constitución. ¿Qué es entonces Venezuela? Nada más y nada menos que un estado fascista de izquierda, al igual que su hermana mayor, Cuba.

Y esto quedó aún más claro en los evidentes intentos de fraude de parte de los Chavistas que finalmente quedaron frustrados. Primero vimos en artículos filtrados en varios periódicos internacionales que las encuestas de salida marcaban una clara victoria de Chávez. Una de las compañías que supuestamente hicieron una de esas encuestas, luego negó haber hecho tal cosa. Luego vimos declaraciones de ambos bandos de que "los resultados son demasiado cerrados". Salió por ahí una noticia de que Chávez se reunía con su gabinete para "analizar la situación", y después no permitieron a los de la oposición ingresar a observar el escrutinio final. Todo esto parecía indicar que finalmente y de forma no muy legal, la victoria sería de Chávez. Pero finalmente el CNE (consejo nacional electoral) declaró la victoria del "NO" y Hugo Chávez procedió a aceptarlo, pero no sin dar sus últimas patadas de ahogado, diciendo que esto fue para la oposición una victoria "pírrica" (una victoria en la que el vencedor termina mucho más devastado que el vencido). ¿Qué frenó a Chávez de ejecutar este fraude? ¿Qué provocó que, en una actitud aparentemente muy ética y "deportiva", aceptara la derrota y felicitara a sus oponentes? Creo que nunca lo sabremos, pero en mi opinión, creo que el señor, tal vez por primera vez en su vida, tuvo miedo.

Esta derrota en esta supuesta "revolución", que nada tiene de pírrica, es más bien una muestra de que Chávez no todo lo puede, es un golpe durísimo a su ego y al de su partido, que se complementa perfectamente con la maravillosa actuación del rey de España hace poco menos de un mes. El expansionismo de Chávez ha sido frenado de golpe y ha quedado claro que en este mundo el camino de la cerrazón y la intolerancia, de la dictadura y la represión es cada vez más difícil de allanar, y que el verdadero camino es el del pluralismo, la tolerancia y la libertad.

Sin nada más que decir, no me queda más que reiterar mis felicitaciones al pueblo Venezolano por haber hecho la mejor elección en este asunto, y ojalá y pronto, por el camino de la verdadera democracia, vean a su país crecer y prosperar como todos se merecen.