Friday, October 02, 2009

Las más grandes necedades en las discusiones de política.

Es un hecho que a mucha gente le encanta discutir de política. Desafortunadamente, cuando estamos convencidos de algún ideal político, todos, incluyéndome, hemos llegado a tomar ciertas actitudes que denotan necedad, tontería, irracionalidad o algún otro atributo que refleja vil y llanamente falta de inteligencia o de voluntad para hacer uso de ésta. Estos son los que, a mi juicio, son los más molestos de todos.

1. El "iluminado". Las personas "iluminadas" (nótense las comillas) son aquellas que están tan convencidas de que lo que ellos creen es lo mejor, que las opiniones contrarias, según ellos, sólo pueden salir de boca de ignorantes, estúpidos o egoístas. Vemos aquellos que defienden a capa y espada el socialismo sin haber leído jamás un sólo libro de economía, o los que defienden el libre mercado sin jamás haber leído a Karl Marx. Sin embargo, insisten en que los otros son unos "ignorantes" por no darse cuenta de que lo que ellos proponen es lo mejor. ¿Cómo puedes estar seguro de que los que no opinan como tú son ignorantes, si nunca les has preguntado qué es lo que saben?

2. El que cree que el principal objetivo de discutir de política es "ganar" la discusión. Cuando se discute de política, en realidad lo que se hace es compartir opiniones sobre cómo debe regirse y administrarse una sociedad. Si al discutir uno busca como objetivo compartir conocimientos y encontrar puntos en común, se pueden llegar a mejores ideas. Cuando uno busca "ganar", en realidad no escucha al otro, sólo busca agujeros superficiales en su lógica para rebatirle, y no lee entre líneas, nunca comprenderá de fondo lo que el otro trata de expresar.

3. El que sataniza. Cuando se sataniza no se razona. Satanizar es insistir tanto en la maldad de algo o alguien, que se le deja de ver objetivamente y se le trata de una forma inadecuada. El que sataniza es terco, insiste por insistir y sin dar argumentos, y es repetitivo. No aporta nada en ningún momento, y jamás podrá ver las bondades que seguramente tiene la persona o idea que tanto maldice, o dicho de otra forma, "lo bueno entre lo malo". Y, tristemente, el que sataniza convence a veces con mucha más falicidad que otros, con base en su mera terquedad y repetitividad. Una forma informal de decirlo sería: "repite tanto, que se te queda grabado".
3a. El que "santifica". Lo puse como 3a y no como 4 porque es muy parecido al satanizador. La única diferencia es que éste insiste de forma terca e irracional en la bondad de las ideas o personas en las que cree, en lugar de hacerlo con la maldad de aquellas en las que no cree. Esta persona siempre atribuirá los errores o malas acciones de quienes defiende a cuestiones externas como conspiraciones en contra de su candidato/gobernate/funcionario o los deshechará como un suceso fortuito e insignificante.

4. El que quiere hacer sentir culpables a los otros. Si se visita un foro de política en Internet, siempre se verán comentarios como "sigan votando por X, vean cómo nos tiene" o "ahora por culpa de todos los que apoyaban Y, nos pasó Z", "esto no hubiera pasado si hubieran votado por W". Esto muchas veces es usado por quien sabe que no tiene argumentos reales para explicar por qué cree lo que cree, y sólo ve las cosas desde un punto de vista superficial: asume que si las cosas están mal, entonces es culpa de quien está en el poder y sus votantes, sin importar el contexto de fondo de la situación. Una persona que recurre a este argumento no espera una respuesta, no desea entender a los que piensan diferente ni le interesa saber qué opinan, sólo quiere que su "oponente" se quede callado y cabizbajo. Por lo tanto, no enriquece el debate, sólo lo destruye.

5. El "omnisciente". Esta persona habla como si supiera todo lo que ocurre en todos los lugares, así sea Siberia, Japón, la selva Chiapaneca, la Luna o algún rincón del Distrito Federal. Aún si nunca ha visitado ninguno de los lugares de los que habla, si lo más lejos que ha estado de su casa es la taquería de la esquina, tiene una imaginación tan grande, que hasta John Grisham le tendría envidia. Pero su ego es así mismo tan grande, que cree que esas fantásticas creaciones de su imaginación son la única posible realidad. Por supuesto, sus respaldos de autoridad son expresiones como "yo se que", "estoy seguro", "dicen que" o, mi personal favorita, "todos sabemos que", entre muchas otras, y nunca citan sus verdaderas fuentes, porque saben que no pueden citarse a sí mismos.

6. El repetitivo. Esta persona usa los mismos argumentos una y otra vez, sin importar que sea rebatido duramente. Simplemente no escucha nada de lo que se le dice ni se interesa por la verdad. Sólo le gusta repetir su "versión" una y otra vez, sin importar toda la evidencia que se presente en su contra. Tristemente, esta terquedad, al igual que con los mencionados en los incisos 3 y 3a, puede llegar a funcionar muy bien para convencer, pero a diferencia de éstos, no sataniza ni "santifica" a nadie, sólo tiene un argumento vago que repite constantemente.

7. El borrego. Este se deja convencer por quien sea, y nunca aporta nada, sólo le da la razón constantemente a los "convincentes" argumentos de quien sea que se le ponga en frente.

Hay muchos más tipos de necedades que se cometen, pero ciertamente no acabaría si los mencionara a todos. Lo que es un hecho es que todas estas actitudes entorpecen los debates y, al suceder no solamente en pláticas triviales entre ciudadanos, sino también en congresos o parlamentos donde el resultado de la discusión afecta las acciones del gobierno, resulta decepcionante que estas actitudes prevalezcan. Gracias a ello las leyes que deben pasar no pasan o pasan a medias y tergiversadas al grado de no servir para nada, las leyes que no deben pasar terminan pasando por el capricho de unos pocos y el progreso de los países se frena por la falta de entendimiento entre las diversas posturas.

Invito a todo aquél que lea este artículo, en especial a aquellos que sean congresistas en su país o localidad, que reflexionen sobre las actitudes que toman y que piensen un poco más en escuchar a los demás y en dejar de insultar, en tratar de entender la situación con base en lo que realmente sabe y no de su imaginación, que comprenda que en todos los lugares hay gente buena y mala, corrupta y honesta, sin importar que afiliación política tengan, y que trate de entender mejor qué sería lo mejor para su país y no qué es lo que le va ayudar a ganar la discusión. Bien lo dijo Goethe: "Los malos entendidos y la negligencia ocasionan más daño en este mundo que incluso la malicia y la perversidad. En todos los sucesos, los dos últimos son menos frecuentes".